Chrome Country: El shock del presente

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18 Diciembre, 2014 - 12:00

Chrome Country: El shock del presente

Tomando como inspiración inicial el nombre de una composición de Oneohtrix Point Never, Raul Almeda traza un análisis de las últimas tendencias artísticas, culturales y musicales que la total inmersión del usuario en Internet está provocando; un estudio mitad sociológico y mitad cronológico en el que se dibuja una radiografía de nuestro presente desde las teorías de Rushkoff a la llegada de PC Music, pasando por los movimientos Vaporwave o la introducción de nuevas actitudes en el mundo del Hip Hop. Las imágenes están extraídas de iiivxiv.com.

El vertiginoso desarrollo de las tecnologías aplicadas a las ciencias de la información ha reconfigurado, especialmente durante la última década, gran parte de los hábitos en materia de obtención, gestión y asimilación de esta. Millones de conciencias son diariamente estimuladas por un torrente de inputs de distinto formato y naturaleza que fluctúa constantemente entre parpadeantes pantallas de dispositivos móviles, conexiones Wi-fi y un sinfín de plataformas intangibles que estrechan un nivel de interconexión sin precedentes entre los individuos. Se consume 4G y las retinas pasan a convertirse en hipervínculos a una totalidad prácticamente infinita que puede reposar en un bolsillo esperando a ser consultada de nuevo.

Todo ello deriva en una realidad vivida de forma colectiva que, tomando como referencia las décadas que vieron alumbrar los primeros pasos de Silicon Valley como génesis de la tecnología doméstica, se puede percibir como acelerada, instantánea o en constante movimiento. Pero no sólo la frenética inmediatez y la sensación de presente sostenido (expuesta y analizada por Douglas Rushkoff en su obra “Present Shock” como actualización moderna de las predicciones socio tecnológicas que teorizó Alvin Toffler a principios de los setenta) explican la tremenda complejidad de dicho modo de vida tejido a base de enlaces, mensajes instantáneos, scrolling y pestañas del navegador.

Un apreciable y determinante factor que constituye ese modo de vivir el mundo puede ser el sentido globalizado que plantean las increíbles facilidades de acceso a cualquier tipo de información sin límites cronológicos, geográficos o temáticos. Desde prácticamente la totalidad del conocimiento generado durante siglos y siglos a una persona ubicada en la otra punta del globo, todo al más accesible alcance gracias a un escenario abstracto al que es posible acceder sin salir del dormitorio.

Surcar en un dinámico e infinito plano de datos siendo guiados por inercias como la comunicación, la necesidad, la curiosidad, la ociosidad o el narcisismo también plantea ese inabarcable mar de posibilidades como una herramienta con la cual satisfacemos necesidades informacionales determinadas por distintas situaciones o casuísticas. Pero este desarrollo y consecuente escenario en permanente construcción colectiva también puede estar empezando a ser enfocado desde un prisma no estrictamente instrumental en el que Internet no es sólo una potente herramienta que nos hace la vida más fácil y que actúa como una segunda sombra cosida a nuestra persona.

Cuando los límites entre el rol de espectador pasivo y el rol de protagonista activo se desdibujan continuamente mediante la alternancia, confluye un perfil que integra ambos posicionamientos dentro de un mismo contexto cifrado en código binario. Cuanto más eficaz y fluido es el medio que las vehicula, más veloz la transmisión de ideas. En el aspecto creativo, la cuestión participativa puede llegar a representar una manifestación artística nutrida por una intensa percepción de los burbujeantes estímulos que ofrece este nuevo espacio global. La belleza reside tras la mirada del observador, y no son precisamente pocos los que han fijado su atención en el mundo digital ligado al campo de gravedad on-line.

Enfocar Internet como una meta-realidad o mundo paralelo dispuesto a ser aderezado y replanteado creativamente desencadena manifestaciones artísticas como el net.art o el arte digital (con sus correspondientes ramificaciones estéticas), categorías que responden a sus propios y cambiantes imaginarios. El resultado ha desencadenado un creciente abanico de concepciones visuales y musicales que mediante la libertad de participación, la voluntariedad y un nuevo modo de exponer creatividad a escala global, se expande, transmuta y se difunde utilizando el mismo medio como vehículo o fuente de inspiración. Incontables blogs alojados en Tumblr, fanpages en distintas redes sociales o iniciativas como Cloaque.org o DIS magazine (por nombrar dos de las más influyentes) aglutinan un sinfín de proyectos que apuntan en esa dirección y hacen crecer el sentido de comunidad, categoría o género amparado por una etiqueta

Esas referencias estéticas en muchas ocasiones se retroalimentan de los mismos componentes que conforman dichas nuevas concepciones visuales, aunque las variaciones que plantean nuevas miradas pueden encontrar otras influencias recicladas de alienados contextos culturales. Es importante recordar que Internet ofrece la posibilidad de acceder a cualquier elemento visual, sonoro o audiovisual imaginable, por lo que las posibilidades creativas que pueden servir para moldear inusitadas formas de entender e interpretar sensaciones estéticas en la era digital son también inabarcables.

Al estar expandiéndose ese nuevo marco, se potencia la contribución a poder construir un espacio plural en el que desarrollar aspectos muy humanos como apreciar arte pese a estar sujetos a elementos como algoritmos, nuevos formatos o códigos de programación. Eso puede interpretarse como que más allá de lo que ocurra estrictamente dentro del escenario, es importante tratar de enfocar de un modo holístico el precedente que se está fijando a través de la tecnología. Toda una amalgama de novedosas plataformas que dan cobijo a emergentes sensibilidades relacionadas con el arte digital en sus múltiples formas de expresión. Sobre la cual podemos encontrar un peculiar y minucioso análisis orquestrado por Omar Khoilef en “You Are Here: Art After the Internet”, obra en la que da voz a casi una treintena de artistas y críticos que construyen un poliédrico vertedero de opiniones sobre la privacidad, el diálogo analógico-digital, emociones online o el alumbramiento a una segunda “Tierra” entendida como algo más complejo que “the Second Life” y próximo a la serie británica “Black Mirror”.

En materia musical las ideas tampoco han permanecido precisamente estáticas, pues también han viajado a la misma velocidad que lo podrían hacer los megabytes en una conexión inalámbrica de óptima potencia. Proyectos como Chuck Person (alias del artista norteamericano Daniel Lopatin aka Oneohtrix Point Never), Macintosh Plus (uno de los numerosos nombres en clave de la enigmática activista Vektroid) o trabajos como “Far Side Virtual” de James Ferraro sirven como referencia de una potente reacción en cadena que deriva en un movimiento denominado “Vaporwave”.

La reacción a esos tres trabajos derivó en decenas de anónimos y compulsivos perfiles Bandcamp poblados de caracteres japoneses sin identificación humana alguna, gráficos de estética 8-Bit (Hiroshi Nagai como ilustrativo ejemplo), escenarios de hiperrealidad protagonizados por iPads, plantas decorativas y atrezzos ficticios, iconos exageradamente mercadotécnicos, rudimentarios sampleos de canciones ochentas ralentizados bajo una sedante áurea nostálgica, satírica y épicamente contenida, bustos clásicos, guiños a primigenios sistemas operativos , comerciales desfasados, recreaciones arquitectónicas de Dubai, casinos virtuales…

El contagio musical fue notorio, pero la viralización iconográfica transmutó paralelamente tomando su propia forma (estéticamente relativa pero fuera de esa etiqueta en proyectos como los de la madrina del píxel Holly Herndon, sellos como Hippos In Tanks, Activia Benz y muy especialmente Fade to Mind)

La sensación musicalizada de largas noche frente al laptop dio forma a iniciativas como Beer On the Rug, Fortune 500, Dream Catalogue, Crystal Magic, Artzie Music o fiestas estrictamente online alojadas en chats como SPF420 o EccoPlex© - Transmission. Toda una reacción en cadena que a su vez dio pie a que emergieran distintos matices de hibrida catalogación (Eyeliner, Blank Banshee, Saint Pepsi, Topaz Gang, Nmesh) dentro de la Virtual Plaza, un espacio ficticio plagado de multitud de extravagantes proyectos y sub-corrientes acuñado por el periodista Adam Harper.

Tanto en sus inicios como en la actualidad, Harper sigue de cerca cómo se va desarrollando todo el hiperactivo movimiento desde su propio blog “Rouge’s Foam” u otros medios especializados, tratando de poner algo de orden ante un fenómeno de difícil seguimiento panorámico. Tan exponencial ha sido su interés con el decurso de los acontecimientos que en 2011 da forma a “Infinite Music: Imagining the Next Millenium of Human Music-Making”, posiblemente uno de los esfuerzos más logrados hasta la fecha a la hora de tratar de entender y analizar los actuales mecanismos en materia de creación, distribución o recién estrenadas dinámicas del entramado musical vinculado exclusivamente a la virtualidad. Todo ello teniendo un ojo pendiente del presente y el otro en el hipotético mañana.

No fue el denominado Vaporwave el único fenómeno estético-musical acelerado por la red de redes. Paralelamente (quizás un poco antes), el productor americano Ultrademon y su pareja Zombelle hicieron bandera del término “Seapunk” para viralizar su fascinación por el color turquesa, los personajes de “Neuromante”, la equiparación del Wi-fi con el oxígeno, la moda hippie cibordélica, la ecología, los videojuegos o el culto a paraísos e islas artificialmente construidas (en los que no pueden faltar los delfines) mediante el sello Coral Records Internazionale. Su desarrollo fue potencialmente estético (irrumpió en el mundo de la moda de vanguardia como micro-cultura propiamente dicha) y causó furor tanto en Tumblr como en multitud de cabelleras, aunque a nivel musical también encontró hermandad junto a productores como Unicorn Kid, $plA$h cLUB 7 o Le1F. En la actualidad buena parte del día a día de la comunidad Seapunk se aloja en portales como SeaPunkGang.

No sería posible pasar por alto la tremenda huella e influencia que ha representado la irrupción del rapero Lil B como potente icono global nacido desde dentro de la pantalla. La coronación del BasedGod por la comunidad online mundial ha sido colateralmente inspiradora para jóvenes beatmakers o rappers que han contagiado sus beats/rimas de dormitorio con dicha actitud pacifista, sensible o hasta terapéutica. Todos estos factores, entre los cuales destacan la reivindicación de la vulnerabilidad y la bondad humana, derivan en etiquetas como el “Cloud Beat”, canciones instrumentales perfumadas por serenidad, bienestar o armonía que también acogen referencias estéticas y musicales propias de la virtualidad de Internet. Una mezcolanza que puede ser vinculada con el dúo Friendzone, Horse Head o Keyboard Kid por nombrar tan solo algunos.

Ya en otro tercio, pero tampoco demasiado alejado, las andaduras musicales en las que las rimas comatosas y autotuneadas dan voz a una joven generación que bien podría representar la reacción en cadena de la juventud descrita en “Generation X: Tales for an Accelerated Culture” de Douglas Coupland. Jovencitos sobre estimulados por un sinfín de influencias gráficas y constantes bombardeos comerciales cuyas propuestas también han sido infiltradas por sus pertinente dosis de naturaleza http y contrastado consumismo. Colectivos venidos de Suecia como Sad Boys (véase los jovencísimos Yung Lean, Yung Gud y Yung Sherman) o su escisión Gravity Boys (Bladee, Thaiboy Goon, Ecco2k y White Armor), conectan fuertemente a nivel estético y sonoro con réplicas en el otro lado del Atlántico como el oscuro cuarteto SESHOLLOWATERBOYZ (la suma de tres proyectos paralelos capitaneada por el prolífico Bones y a la que se suma ocasionalmente el beatmaker Suicideyear o incluso el joven cantante emocional Spooky Black.

Totalmente conscientes que son un producto derivado de la exposición de muchos otros, abunda la iconografía EMOJI, todo tipo de reminiscencias a la cultura anime, mármol blanco, sneakers futuristas, té verde Arizona y otras bebidas isotónicas, claroscuros y distorsiones VHS articulan un torrente de despreocupación y desamparo con el que parecen emitir al mundo cierto desengaño con el formulado presente que les ha tocado vivir y del cual se evaden mediante rimas y bases trap adictas al batido codeína-Google Chrome. Los videos ejercen como potencial altavoz al mundo de la propuesta musical vía Youtube, y siendo conscientes de ello cuidan la edición de estos a niveles horror vacui digital o mediante tétricos ambientes.

Otros ejemplos explícitamente visuales podrían ser Yung Jake, NOK from the Future o sin salir de nuestras fronteras el miembro de PXXR GVNG, Yung Beef (con colaboraciones con el artista visual Blastto, la marca de ropa Wellness o Miss Nina o el colectivo granadino Sirope, cuyo imaginario recae en el artista visual Pretty Chocobo.

Pero la última ola en lo que a músicas surgidas del matriz Internet se refiere responde a la idea surgida de la cabeza de un joven británico llamado A.G Cook con el sello/plataforma PC Music. Una propuesta que lleva bastantes meses haciendo ruido, potentemente explícita, en la que el arte digital y la personalidad sonora se funden intencionadamente mediante una coherencia muy notoria, a la vez que extravagante y atractiva. PC Music evoca Pop hipervitaminado, elementos de música eurodance comercial reconceptualizados, aderezados con brillo, purpurina e ingentes dosis de falsa inocencia en voces y melodías de juguete enteramente manipuladas de manera digital. A nivel de imagen puedes comprobar por ti mismo/a la magnitud del delirio gracias al stream emitido recientemente por Halloween un espectáculo inclasificable que puede recordar levemente a una versión maliciosa de Miku Hatsune, cantante virtual representada en directo como holograma que ya han llenado estadios en Japón o visitado ocasionalmente Estados Unidos (celebridades no humanas que William Gibson ya imaginó en “Idoru” circa 1996). Musicalmente sería aproximadamente traducido en un espectro de registros entre David Guetta, Hudson Mohawke y el UK Garage, pero va mucho más allá.

Mediante engranajes digitales orientados a la producción musical nivel doméstico (un simple laptop) es factible extrapolar la sencillez compositiva a niveles altamente emotivos, frenéticos, pegadizos, optimistas y magnéticamente curiosos de admirar como proyectos anónimos de la talla de Danny L Harle, Life Sim o Hanna Diamond, que nadan en la herencia de la cultura de charts superventas para trastear su esencia hasta un extremo en el que la parodia y efectividad son caras de la misma moneda dentro de la cronología evolutiva del Homo Digitalis. (quien sabe si en camino hacia la Singularidad augurada por Raymond Kurzweil).

El vacío que encontraban formaciones o proyectos como Future Sound of London, Software, Richie Hawtin bajo el alias FUSE o A Guy Called Gerald cuando tan sólo podían inspirarse a través de meras especulaciones o tétrades tecnológicos en un hipotético mundo completamente conectado ya ha empezado a cobrar forma y ganar consistencia como una emergente realidad. Les cuentas todo esto hace veinte años a estos soñadores artistas y tendrían serias dificultades para comprender la mitad de lo que ha sucedido en los últimos cuatro años. Recién ha empezado toda la estructura a gatear y no son pocos los matices que han ido protagonizando su momento bajo el foco mediático, la cosa parece ir avanzando sin detenerse.

Para dar una visión más completa y objetiva del asunto tratado en este artículo, Raul Almeda se cita para una charla coral con tres de los productores ubicados en nuestra geografía que más sensibilizados están con los efectos y recursos obtenidos a partir de Internet, como son RIA EKIN, YDVST o Wi-Fiji.

Por Raul Almeda

Publicado por frankie piza

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