John Carpenter y esa cosa de la nostalgia china

14 Octubre, 2014 - 12:45

John Carpenter y esa cosa de la nostalgia china

"Aprovechando el informal anuncio del realizador de culto y compositor norteamericano John Carpenter al respecto de material sonoro inédito que saldrá a la luz próximamente, David Puente repasa la trayectoria del autor y su particular enfoque a la hora de crear sus propias bandas sonoras en solitario o junto a Alan Howarth. Comenzando la ilustración a partir de la influencia de "Big Trouble In Little China", se traza un dibujo en el que se presentan las claves de la actual nostalgia hacia el sonido de Carpenter, impulsada por, entre otras casa editoriales, la británica Death Waltz".

Me escriben desde la redacción de esta web para pedirme un artículo sobre John Carpenter ahora que se anuncia la publicación de algunos temas  inéditos que verán la luz el año que viene. Pasan los años y siempre que alguien cita al cineasta y productor musical sigo asociando su persona a la misma película. Y es que probablemente mi primer contacto directo con el trabajo de John Carpenter se titulara 'Golpe en la pequeña China' (“Big Trouble in Little China”). Y eso marca de por vida. Se trata de una de esas películas que llegan a tu casa a través del vídeo club de tu barrio. Un blockbuster de los buenos, dirigido por el propio Carpenter con Ken Russell de superhéroe 'à la John Wayne', estrenado en EE.UU. en julio de 1986 -con muy pocos días de diferencia respecto a otro hit del momento: Aliens de James Cameron, segunda parte de la saga de la cosmonauta Ripley - y que, por tanto, es muy probable que entrara en mi casa un verano después, el de 1987. En esta película de secuestros y mafia china con más mala baba que Fumanchú, acontecida en China Town, el director intentó en lo musical escapar de los clichés que rodeaban a la cultura del país oriental y se decantó por una banda sonora que me enamoró de buenas a primeras. Muy probablemente por primera vez escuchaba cosmic y además rodeado de mi familia.

Carpenter se puso a producir la película a toda velocidad ya que sabía que Paramount, que ya le había hecho una oferta al maestro, preparaba una película con temática digamos “de espiritualidad china” con The Golden Child (“El chico de oro”) con Eddie Murphy como protagonista rutilante (otro blockbuster de los buenos). Por cierto, la analogía entre el personaje principal, Jack Burton, y John Wayne no es gratuita. Carpenter siempre reconoció ser fan del actor y tal vez esta película su particular homenaje, eso si, más cerca del show circense de las artes marciales que del western convencional. De hecho, otra de sus obras con banda sonora reivindicada con el tiempo, “Scape from New York” (1981) está considerada por su propio autor 'algo así como un western'. Él mismo escribió el guión del western  “Blood River" que al final no pudo encarnar su amado John Wayne por culpa del cáncer que acabó con su vida.

“Big Trouble in Little China was the last time Carpenter had almost free reign on a movie project for one of the major studios. From then on he would have to go indie in order to keep his creative flame burning, with the exception of Memoirs of an Invisible Man and Escape from L.A., which were respectively an FX-laden failed attempt to launch Chevy Chase as a serious leading man and a failed attempt to turn the Snake Plissken character into a franchise action hero (which kinda goes against everything the character stands for)”. Extraído de Geek of Doom.

Pese a que Carpenter conocía los mecanismos de la gran industria debido a su trabajo como guionista de westerns, acabó asqueado del trato de Hollywood con el que se negó a trabajar en futuros proyectos: "La experiencia en Golpe en la pequeña China ha sido la razón definitiva por la que dejo de hacer películas para los estudios de Hollywood. No voy a volver a trabajar para ellos nunca más. Creo que “Big Trouble” es una película maravillosa de la que estoy muy orgulloso. Pero la recepción que recibió, y las razones por las que recibió ese trato, han decantado mi decisión. Soy demasiado viejo para esa clase de mierda", el realizador se rebelaba ante tanta mala crítica como recibió la película.

Estamos viviendo una época, no olvidemos, en plena expansión del reaganismo que no es algo baladí en esta película (ni en toda la obra de los 80 de nuestro héroe). Parece ser que a Carpenter no le convencieron ni siquiera los efectos especiales de la empresa contratada para tal menester, Boss Film Studios, a los que acusó de recibir muchos encargos cuando no estaban preparados para sacar la faena de una manera profesional y satisfactoria. Seguramente Carpenter se diría para sí mismo que para trucos baratos no hacían falta esas alforjas. Aunque a decir verdad, los efectos especiales de esa película de chinos malos, de asiáticas de belleza exótica (nunca vista por estos lares en los que empezaban a proliferar los primeros restaurantes chinos que luego reconocimos como falsos) y un rudo camionero como héroe, han pasado a ocupar un lugar destacado en el subconsciente colectivo de muchos jóvenes de la época que nos nutríamos de VHS o Beta. Carpenter no había podido trabajar en condiciones y a su gusto, dando cancha al mito del realizador que se maneja mejor con presupuestos ajustados que rodeado de una camarilla de técnicos con ganas de calentarle la oreja para justificar su presencia en grandes producciones. Se volvía a repetir la historia de siempre. La del director novel que con sus primeros metrajes se convierte en personalidad a punto de ser engullida por el negocio. “Dark Star” (1974), descrita por su autor como un “Esperando a Godot” ambientada en el espacio y que el mismo musicó porque no encontraba a nadie que estuviera a la altura de este primer trabajo universitario que saltó al circuito de salas comerciales, y “Asalto a la comisaría del distrito 13” (1976), llamaron la atención de una industria que piensa una vez más en sacar tajada del artesano, a través de sofisticados a la par que mecánicos procedimientos industriales.

Pero el terror no sabe de engranajes financieros. El terror no sabe cuadrar presupuestos. El terror es precisamente salir de lo racionalizado y sentirse solo entre los tuyos. Su actor fetiche Kurt Russell dijo de él: “John ve el mundo diferente a como lo ven los demás. Lo ve un poco torcido”. El terror es que de niño te lleven de Nueva York a la sureña localidad de Bowling Green, en el antiabolicionista y retrógrado estado de Kentucky, para que pases tu infancia entre desconocidos y muchas horas de iglesia como le ocurrió al pequeño John. El terror es sentirse completamente fuera de lugar. El hilo extraño que enhebra los guiones de John ya de mayor.

“La historia viene antes. Hago películas para contar historias. Ese es mi trabajo. Si la historia me satisface lo suficiente me pondré manos a la obra con la película. Hago películas porque quiero que la gente se mueva que sienta algo. Cuando una película pasa de los veinte millones de presupuesto sabes que los estudios van a querer imponer su película. En este tipo de negocios tienes dos salidas: uno es insistir en que el contrato dice que el director tiene la última palabra en el montaje final. La otra es la más seguida por los directores en la historia de Hollywood que es gritar mucho y muy fuerte y salir corriendo”, John Carpenter.

Porque de eso, de sentirse solo entre sus comunes poco comunes, sabe bien John Carpenter, que empezó a interesarse por el cine de los 50 con películas que atizan ese sentimiento de reconocerse un monstruo entre tus, en teoría, semejantes: “La Mosca” (1958), “El increíble hombre menguante” (1957) o el culmen de la pérdida de identidad y el miedo a la locura en “La invasión de los ladrones de cuerpos” (1956) que Carpenter va a rememorar en “Están vivos" (“The live”/1988) en la que según se dice se inspiró en los republicanos (¿!de nuevo los republicanos!?) para recrear a los extraterrestres camuflados entre nosotros los desprevenidos humanos.

En el 68, en plena agitación anti guerra de Vietnam, le llega el momento de decidir qué hacer con su vida. Por entonces toca en grupos de rock que como el mismo reconoce, le sirvió para conocer chicas y ganar bastante dinero. Le aceptan en la universidad de California del Sur, considerada la mejor escuela de cine del mundo. Entonces forma la banda de rock casi ficticia, apenas se acreditan actuaciones en aquella época,The Coupe de Villes, junto a universitarios como el director y guionista Nick Castle y Tommy Lee Wallace que posteriormente se encargó de los efectos sonoros y de la dirección de arte en la ópera prima de Carpenter, “Dark star” y posteriormente en “Asalto a la comisaría del distrito 13”.

Dos años después de emigrar a California para cumplir con sus estudios de cine escribe su primera partitura para su primer western, “The resurrection of Broncho Billy” (1970), guión escrito por el propio John en el que habla de un inadaptado que sueña en convertirse en un héroe del oeste. Tal cual como nuestro John. The Coupe de Villes volverían unos cuantos años después de esas veleidades universitarias con un videoclip con el que que pretendía promocionar precisamente la inevitable “Golpe en la pequeña China”.

En esta entrevista que alguien ha subido no hace mucho y que linkamos aquí -ubicada en los primeros 90, se habla de “Memorias de un hombre invisible” de 1992 como su última película hasta entonces- reconoce que lo que más miedo le da en la vida es perder el control: “Físico o mental. Cualquier pérdida de control... Perder el control de la vida. No sé si conoces esa enfermedad que en EE.UU. llamamos Alzheimer con la que los enfermos van perdiendo progresivamente sus recuerdos y su memoria... Pierdes tu identidad... Eso es lo que me da miedo”, reconoce el maestro a su interlocutor con acento alemán. Tal vez por eso Carpenter se ha negado siempre a delegar el poder. Por eso se ha metido de lleno en todos los rincones de la producción de sus películas. Por eso le daba miedo la autoridad. La de su padre que le obligó a aprender piano cuando era muy crío para tener el control de su vida en un entorno hostil (como el de Kentucky). La de Hollywood que le obligaba a ceder ese mismo control aprendido de chico. Tal vez por eso el asesino en sus películas en realidad era siempre él.

Pocos años después de su estreno, descubrí en televisión “La Cosa” (“The Thing”) que es su única incursión en la obra de su director más admirado, Howard Hawkes y su “The Thing from Another World” (1951). La banda sonora de esta claustrofóbica historia, la de la criatura que es capaz de sorber la forma de su víctima en una base enclavada en la Antártida, sería nominada ese mismo 1982 a los Premios Razzie como peor banda sonora. Su música no siempre fue bien recibida. Sus películas, a decir verdad han sido reconocidas casi siempre a posteriori. Con esta película además se llevó el apelativo de “pornógrafo de la violencia” por sus dislocados efectos especiales. A destacar el momento en el que el alien toma prestada la forma del perro de la expedición, aquel aquelarre sangriento de la mascota de la película ha quedado grabada en fuego en la retina de aquellos adolescentes de antaño.

En este documental a mayor gloria de la vida y milagros de la obra de Carpenter el homenajeado recuerda su primer contacto con la música que le viene sobretodo del padre: “Una Navidad me regalaron un par de bongos y mi padre me enseñó a tocar el compás 5x4 y su diferencia principal con el compás 4x4. Aprendí a tocar la música de Halloween que es un compás 5/4. Lo que hice fue aplicarlo al piano”. Años después del estreno de esa película, el tema sigue asociándose a las andanzas de Michael Myers, el asesino de aquella maldita noche de Halloween que interpreta Nick Castle, viejo amigo de Carpenter que siempre había tenido fama de buen chico en su época estudiantil. La tensión que se crea con esos ritmos insistentes, crea esa presunción de que algo amenazante se acerca.

“La música de John me enseñó que no hacía falta una orquesta en la banda sonora para resaltar algo. Que no es necesario manipular las cosas recalcándolas en demasía”, dice el también cineasta del gore y el horror, George Romero. “Carpenter consigue que la música acabe asociándose a lo que vendrá”, matiza Romero. Y con la única ayuda de una nota, amenazante, obsesiva si, pero una sola nota llena de contenido. Muy probable que sea la última que vas a escuchar en tu vida si acabas en manos de Michael Myers.

“Mi música es como una alfombra. Si tienes un apartamento y me contratas para que ponga una alfombra, yo te voy a poner una alfombra bajo los pies con la que te vas a sentir más cómodo, pero pasado un tiempo no te vas a dar cuenta que está ahí. Se va a hacer invisible. La música tiene que ser invisible, tiene que estar ahí debajo como apoyo a lo que haya en la escena”. John Carpenter.

“La música son su momento de vacaciones. Con ella, Carpenter lograba evadirse de los trabajos más aburridos y mecánicos del montaje, de tener que negociar con el estudio, de la promoción. Simplemente descuelga el teléfono y toca. Para él es pura diversión”, explica Alan Howarth, ingeniero de sonido, compositor y escudero de Carpenter en una docena de películas dirigidas por nuestro protagonista: “Escape From New York”, la saga de “Halloween”, “Christine”, “Big Trouble in Little China”, “Prince of Darkness” y “They Live”. “Una vez John me dijo: “Alan sólo te voy a decir una cosa sobre esta partitura: la única regla es que no hay ninguna regla”. “Conoce también la música que no supone un problema para él. Sabe cuando la tiene que tocar él, cuando se la debe encargar a otra persona y cuando debe dejar un silencio”, comenta el actor Peter Fonda que trabajó con nuestro director en la película “2013: rescate en L.A”.

Parece ser que cuando le preguntaron a Carpenter por más información respecto a la nueva música que va a sacar al mercado el año que viene (y que justifica este artículo y toda su nostalgia) respondió con un simple y tajante: “Vosotros compradla”.  No caben medias tintas con el artesano del terror. Como con el miedo, mismamente. Lo sientes o no lo sientes. Ese si es un buen blockbuster. Y de los buenos.

Por David Puente

Publicado por frankie piza

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