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Crónica: James Blake en Barcelona
Crónica: James Blake en Barcelona
Tras la tempestad, viene la calma: tirar del refranero español nos servirá para definir con exacta precisión lo que algunos privilegiados pudimos disfrutar el pasado viernes en la sala Apolo barcelonesa. Y es que una lluvia tan épica como molesta barrió Barcelona pocos minutos antes del comienzo de una de las citas del año, que no era otra que disfrutar de James Blake, hijo pródigo de la electrónica emotiva. Una fecha muy especial, por ser la primera vez que pisaba una sala de conciertos en lugar de un festival, y que ayudó además a paliar los efectos devastadores que ocasiona el letargo del agosto en la ciudad. El británico abrió el set de la manera más inteligente, con “Air & Lack Thereof” y “CMYK”, dos de las piezas del Blake más juguetón mediante el discurso de la bass music inglesa. Un guiño que señalaba en mayor o menor medida de lo que estaba por venir: un concierto más 'adaptado' a las condiciones de una sala, en un intento de dejar aparcadas aquellas canciones más pausadas que suelen poblar sus directos (que las hubo, ojo, como “A Case of You” o “Measurements” en los bises, momentos ideales para paladear al Blake más frágil y sensible). Pero, como decíamos, cuando el público asistente de veras vibró fue con aquello que buscaba su gran mayoría cual perro sediento de carne roja: el beat y el bajo bien gordo. Doble ración que James sirvió en cantidades ingentes, como el empalme de las dos canciones más movidas de su último disco, Overgrown (Polydor, 2013): “Digital Lion” y “Voyeur”, en los que respetó sus sendos finales de excursión electrónica hasta el infinito. Poco antes, ofreció su emotiva y desnuda mezcla de soul electrónico con las preciosas “I Never Learn To Share”, “Unluck” o el hit “Limit To Your Love”. En cada canción, un tímido James Blake utilizaba con precisión todos aquellos ilimitados recursos con los que tan bien viste sus piezas, como su aterciopelada voz, loopeada, a capela o bañada en ecos. Un formidable concierto, estética y armónicamente elegante (como todas sus referencias publicadas), en el que se sintió escudado de forma permanente por el talento a la guitarra de Rob McAndrews (conocido también como Airhead, que además hizo las labores de telonero como Dj) y por las sutiles aportaciones en la percusión de Ben Assister. Pero, sobre todo, por fin nos pudimos quedar con el buen sabor de boca de un concierto de Blake en una sala, que pese a la ya -por desgracia- típica desconexión permanente de parte del público más pendiente de conversar o hacer la foto, nos quitó la espinita de los incómodos silencios vividos en los escenarios del Primavera Sound.
Por Beto Vidal
Publicado por Xavi S. Pons



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